Hola, soy la Dra. Yuki. Cuando tomamos un tentempié o preparamos una comida, es fácil pasar por alto la letra pequeña del envase en la que se enumeran los aditivos alimentarios. Se trata de sustancias que se añaden a los alimentos para mejorar su sabor, aspecto o vida útil. Aunque pueden hacer que los alimentos sean más prácticos o sabrosos, cada vez preocupa más su impacto en nuestra salud.

Riesgos potenciales para la salud
- Problemas digestivos: Algunos emulsionantes, que ayudan a mantener estables los productos alimenticios, pueden alterar el microbioma intestinal. Un intestino sano es crucial para la digestión, la función inmunitaria e incluso la regulación del estado de ánimo. Se ha demostrado que emulgentes como el polisorbato-80 y la carboximetilcelulosa aumentan la inflamación intestinal, lo que puede provocar trastornos como el síndrome del intestino irritable (SII).
- Alergias y sensibilidades: Ciertos aditivos alimentarios pueden desencadenar reacciones alérgicas o sensibilidades. Por ejemplo, los sulfitos, utilizados habitualmente como conservantes en frutos secos, vinos y algunos alimentos procesados, pueden provocar dificultades respiratorias en personas asmáticas. Del mismo modo, los colorantes artificiales como la tartrazina (amarillo nº 5) se han relacionado con la hiperactividad en los niños, aunque las pruebas aún se debaten.
- Riesgos de cáncer: Algunos aditivos han sido objeto de escrutinio por sus posibles efectos cancerígenos. Los nitritos y nitratos, utilizados en carnes procesadas como el tocino y las salchichas, pueden formar nitrosaminas cuando se cocinan a altas temperaturas. Las nitrosaminas son compuestos que se han relacionado con un mayor riesgo de cáncer, sobre todo de colon.
- Obesidad y trastornos metabólicos: Algunos aditivos alimentarios, especialmente los edulcorantes artificiales como el aspartamo y la sacarina, se han asociado a un mayor riesgo de obesidad y síndrome metabólico. Estos edulcorantes pueden alterar el metabolismo del organismo y provocar un aumento de peso, a pesar de su naturaleza hipocalórica. Además, pueden alterar la capacidad natural del organismo para regular la ingesta de calorías, lo que lleva a comer en exceso.
Encontrar el equilibrio
Aunque es imposible evitar por completo los aditivos alimentarios, ser consciente de su presencia puede ayudar a mitigar los riesgos potenciales. Ten un poco de cuidado, ¡y disfruta de tus comidas durante mucho tiempo!
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